martes, 5 de abril de 2016

. EL ARTE GRIEGO. 

  • El arte griego es la expresión estética de una civilización que rompe con las formas tradicionales del pensamiento mítico, iniciando  el camino hacia la racionalidad  que solemos considerar como el soporte de nuestra propia civilización. Desde esa racionalidad  la belleza deja de ser algo abstracto y se concibe como un  sistema de medidas y proporciones en el cual el hombre se convierte en referente principal. A pesar de ello, el arte griego no es totalmente original: Egipto, Metoposcopia y las civilizaciones pre-helénicas le prestaron buena parte de sus viejas fórmulas plásticas; la innovación del artista griego residió en  re interpretarlas desde su propia reflexión, de ahí favorece el desarrollo de una artesanía especializada en torno al palacio. Lejos de constituir una aglomeración caótica, el palacio  cretense es muy organizado especialmente a partir del periodo de los  2ºs  Palacios  (1700­  1500  aC). El de Cnossos, por ejemplo, se configura en torno a un patio central, núcleo de llegada y redistribución de productos, al que se accede a través de distintos corredores procesionales. En torno al mismo se distribuyen  los almacenes en la planta baja y la zona de vivienda, gobierno y rituales, en la planta alta.
  • El palacio es expresión del microcosmos cretense: vital, aperturista y relacionado con la naturaleza. Y sus decoraciones pictóricas contribuyen a fortalecer esta idea. Se trata de una pintura mural al fresco, de carácter lineal, tonos planos y un gusto especial por los arabescos y las ondulaciones, por lo que fue comparada por sus descubridores con el art nouveau de principios del s. XX. Sus antecedentes hay que buscarlos en Egipto y  Próximo Oriente, sin  embargo, las corrientes importadas se asimilaron de forma tan peculiar  que el resultado final fue un lenguaje pictórico  inconfundible por su  gran  originalidad. La inspiración de la pintura cretense tiene sus raíces en la naturaleza y el mar, y aun en el caso  de escenas rituales o religiosas evocan una profunda alegría de vivir
  • En la pintura cretense las formas, los colores y los movimientos se supeditan a la fantasía creadora. Hombres y  animales se representan  con gran  expresividad, mientras los motivos paisajistas y florales se tratan con una sutil libertad  cromática y gran  soltura de líneas. Todas estas características sorprenden en mayor grado si se comparan con  las de las civilizaciones contemporáneas: rígidas y estereotipadas. La variedad y fantasía de los frescos ponen de manifiesto la sensibilidad  de sus creadores, ya sea en composiciones zoomorfas (friso de los delfines), rituales (salto  del toro)  o funerarias (procesión del sarcófago  de Hagia Triada). La escultura cretense, exvoto siempre de pequeño tamaño y sin la menor pretensión de monumentalidad se caracteriza, al igual que la pintura, por su  originalidad  y sentido  expresionista. A una fase ya tardía corresponden  las denominadas diosas de las serpientes, figuras femeninas de loza –en menor medida criselefantinas­  que portan  estos reptiles y son  identificadas con sacerdotes.




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